Artículos de opinión, Unión Europea

Reformas estructurales ante los desafíos que afronta la UE.

2017 es un año de celebración para la Unión Europea, o así debería serlo, ya que se cumplen 15 años desde la entrada en vigor de nuestra moneda común, el euro y 25 años de la firma del Tratado de Maastricht que consagró la identidad europea y la CEE pasó a ser la actual Unión Europea. Además, celebramos los 30 años del emblemático programa Erasmus que, además de facilitar la movilidad de los universitarios dentro de Europa, permite a los jóvenes tomar conciencia del significado de ser ciudadano europeo, así como compartir y pertenecer al proyecto europeo. ERASMUS se basa en la filosofía de los padres fundadores de la Unión Europea, cuya pretensión era “unir a los pueblos fomentando el sentimiento de pertenencia, poniendo en común el conocimiento y creando redes”.

Sin embargo, 15, 25 y 30 años después de estos grandes hitos del proceso de construcción europea, nos encontramos ante una involución sin precedentes en nuestro proyecto común de integración y unión, muy lejos de su espíritu constructivo e inclusivo que lo inspiró.

Arranca 2017, con una Unión Europea más fragmentada que nunca y más alejada de sus ciudadanos. Un proyecto europeo en jaque que se enfrenta a su mayor reto, esto es, evitar una involución en la construcción e integración europea y la debilitación del modelo social europeo edificado en los cimientos de la identidad europea, la integración y la solidaridad.

Además, esta Unión Europea deberá afrontar este año los grandes desafíos como son, entre otros,  conseguir la integración europea real frente a la postura nacionalista y soberanista que defiende cada vez más Estados miembros; eleccionales nacionales en Francia, Alemania y Holanda, países fundadores de la UE; el auge de los populismos y euroscepticismo; el Brexit y las negociaciones con Reino Unido; conseguir una verdadera unión bancaria y fiscal para culminar la unión económica  monetaria,  la necesidad de construir una verdadera política exterior común europea, una política de inmigración común; garantizar la seguridad ante la amenaza terrorista y la gestión de la crisis humanitaria de los refugiados.

Es innegable que el populismo amenaza la libertad individual, el libre mercado, en definitiva, las sociedades libres. Ante esto, no cabe duda de que para salvar  nuestro modelo social europeo, nuestro estado de bienestar, se necesitan acometer  las reformas estructurales necesarias que ofrezcan respuestas efectivas a los retos y desafíos del siglo XXI. Reformas fundamentales para estimular la inversión, desbloquear el potencial de crecimiento, elevar el nivel de vida y apoyar el proceso de convergencia en la UE. Emprendiendo estas reformas se conseguirán unas instituciones y unas administraciones públicas, más eficaces y eficientes para poder elaborar y aplicar políticas que apoyen la creación de empleo y el crecimiento sostenible.

Solamente emprendiendo estas reformas institucionales, administrativas y estructurales de corte liberal y apostando por una “más y mejor Europa” se logrará afrontar los desafíos del siglo XXI, plantar batalla al populismo que ha canalizado la indignación ciudadana ante los “recortes” y, en definitiva, devolver la confianza de los ciudadanos en las instituciones, en el sistema político y en el proyecto europeo. 

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1 thought on “Reformas estructurales ante los desafíos que afronta la UE.”

  1. Acertado artículo por el momento y por el contenido, en mi opinión, claro.
    La incertidumbre del qué será de esto que llamamos Unión Europea y que no sabemos muy bien aún lo que es porque no la sentimos, ya no es qué país se sumará, sino que otro país se planteará la salida… Hoy se suma a una de las encuestadas preocupaciones e inquietudes de la ciudadanía (incluso la europea, sí) pues en el encuestado se ha asociado el tema del europeísmo a seguridad, refugiados y crisis económica.
    Los esquemas de Política Pública de seguir haciendo más Europa centrados en la vertiente económica, la política de fronteras, la competitividad como bloque político-mercantil frente a EE.UU o China, sin abordar de forma decidida una política social ‘europea’ que supere de una vez las fronteras estatales, seguirá sumando fracasos, escepticismo y desafección al sentimiento.
    El ciudadano, especialmente el español, sigue percibiendo ese ‘ente político decisor’ como el responsable de los recortes sociales, sin haber impulsado y exigido una política ‘social’ de ámbito supranacional.
    Hablar de política social de y para los ciudadanos de la Unión, es establecer en la agenda política de la Unión, los programas sociales que rompan fronteras de desigualdades, es garantizar la movilidad en la cartera de prestaciones socio sanitarias, es la calidad de la enseñanza para que los europeos no nos sintamos más PISA o menos PISA según en qué país en el que también tenemos la ciudadanía europea’, residamos.´
    Mis mejores deseos ‘ciudadanos’, mi querida amiga.
    Bon any i gràcies per ajudar a construir més Europa

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